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jueves, 30 de abril de 2015

¿Antón Perulero?

Que muchos de los cuentos adaptados para niños son recreación, o están basados en historias crueles, pero cambiando el final por otro feliz, es conocido de casi todo el mundo. Encontramos muchos ejemplos de ellos. 
Pero de lo que va a tratar este articulo es de una coplilla que utilizan los niños en un juego, y que, resulta, que también está basado en un hecho real y cruento.

Por lo general dentro de las cosas más sencillas e inocentes suelen esconderse historias crueles que, al ponerlas en boca de un niño, puede parecerlo menos.


El juego al que aludo es aquel de:
Antón, Antón,
Antón pirulero,
cada cual, cada cual,
atienda a su juego,
y el que no lo atienda
pagará una prenda…

Pues bien, investigando un poco el tema, me he encontrado con que la letra de éste simple juego nos narra, en su origen y de manera escondida,  la historia de un señor que mató a su mujer.

Según las fuentes a las que se acuda, el origen puede estar en Antón Pirulero, un hombre que vivió en Granada en 1860, y que habría matado a su mujer mediante veinte puñaladas y un alfiler, y que posteriormente, según narra la leyenda, la llevó a moler a un molino.

La letra, entonces podría haber sido:

Antón Pirulero
mató a su mujer
la metió en un saco
y la mandó a moler.

Por otra parte, también existe otra teoría, podría tratarse de un personaje francés que se llamaba Antoine Piruliere, pero que el nombre se castellanizó, convirtiéndolo en Antón Pirulero.

Incluso cabe pensar, que el apellido  Pirulero podría  ser Perulero, haciendo referencia, según el diccionario de Covarrubias a una “Persona adinerada que ha venido a España de Perú, el que venido rico de las indias, del Perú.”

(Cabe recordar que Perú, antes de la conquista se llamaba Piru o Viru)

Perulero, de esa manera, se ha convertido, cono ocurre con otras coplillas, en pirulero.

Sin embargo, en Sudamérica el origen que ven en el personaje de Antón pirulero es otro.

Se trataría de un carnicero de nombre Antón que pudo haber sido gachupín(español que pasa y mora en Indias) o un español cualquiera, venido de Europa, y que dio muerte a su mujer. Y, no contento con ello, la descuartizó y salió a vender los trozos como si fuera carne de origen animal.

He encontrado varias versiones de la copla, cada una una con una variante especial o explicativa, y me ha chocado que casi todas sean del continente sudamericano.
Una de las versiones es la siguiente:

Antón, Antón,
Antón Perulero,
mató a su mujer,
la hizo pedazos,
la saco a vender,
por cuatro dineros.

La gente decía
¡Oh! Que buen carnero,
y era la mujer
de Antón Perulero.

Una versión andina:
Antonio Retoño mató a su mujer
con un cuchillito tan grande como él.
le sacó las tripas, las puso a vender
y con lo que hizo, compró otra mujer

Antonio Retoño mató a su mujer
con un cuchillito tan grande como él.
Hizo empanadas y salió a vender
¡Fueron muy sabrosas, siendo de mujer!

Versión nicaragüense:
Chico Perico
mató a su mujer,
la hizo tasajo,
la puso a vender.
¡Nadie la quiso
porque era mujer!

Otra nicaragüense
Chico Perico
mató a su mujer,
la hizo pedazos
y la puso a vender,
nadie la quiso
porque era mujer,
sólo los chinos
porque eran cochinos”

(El juego, en este caso, además de narrarnos el crimen, transmite de manera subliminal un mensaje en el que le permite al hombre matar y infravalorar a la mujer)

Versión argentina:

Bicho Colorado
mató a su mujer
con un cuchillito
de punta alfiler
Le sacó las tripas,
las salió a vender:
-¡A veinte, a veinte
 las tripas de mi mujer!

Mas versiones:

Antón perulero
mató a su mujer.
La cortó en pedazos,
los salió a vender.
La gente creía que era tocino,
pero era la mujer
de Antón perulero.



Y ésta más explicita pero igual de popular, variando el nombre de Antón por Antonio:
Antonio Demonio
mató a su mujer,
la hizo morcilla 
y se puso a vender.

Y to'l que pasaba
morcilla compraba,
y yo que pasé
morcilla compré.

(Ilustración: marian tarazona)

Una versión mas moderna, que he escuchado y visto jugar a las niñas sería la de don Federico, copla que también pudiera parecer inocente en la voz de una niña, pero también tiene sus connotaciones criminales:

Don Federico 
mató a su mujer
la hizo picadillo 
y la puso a cocer,
la gente que pasaba 
oía el chas,
era su mujer que bailaba 
el cha, cha, cha”.

También existe otra versión más antigua y, además, haciendo de menos de nuevo a la mujer:
“Don Federico 
mató a su mujer
la hizo cachitos
 y la fue a vender
¿Quién quiere carne 
de esta mujer?
Yo no la quiero 
porque es de papel.


Y para terminar una versión colombiana de don Federico:

Don Federico 
mató a su mujer,

la hizo picadillos,
la echó a la sartén.

La gente que pasaba
olía a carne humana,
era la mujer
de don Federico

(Y una propuesta un poco más tradicional termina diciendo:)

Nadie compra picadillos
de mala mujer.



La próxima vez que escuchemos cantar y jugar a nuestros niños, seguro que prestamos un poco mas de atención.

© marian tarazona
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