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miércoles, 18 de noviembre de 2015

Y tu, ¿crees en los duendes?

¿Qué o quien es, en realidad, un duende?

Sabemos que las leyendas en torno a este personaje se remontan a hace cientos de años, tanto es así, que en España, entre los siglos XVI y XVII muchos autores les dedicaron multitud de escritos, incluso los teólogos estaban convencidos de su existencia, y les veían como demonios pequeños, demonios domésticos.

En casi todos los pueblos de la geografía española se conoce alguna anécdota en torno a la existencia de uno de estos personajes, y en ellos seguro que encontramos alguna casa de donde sus habitantes han tenido que salir despavoridos huyendo de su presencia, incluso si se han olvidado de alguna pieza de su ajuar, al volver para recogerla se han encontrado al duende con ella en la mano burlándose.                                                   
La definición de duende, también conocido como gnomo o elfo, podría englobar multitud de adjetivos, pero en general, parece que todo el mundo está de acuerdo en que se trata de un ser masculino, un ser oscuro, un diablillo familiar, pequeño pero con poderes,  es travieso, siempre bullicioso, saltarín , con tendencia al juego, los bailes, a las bromas, la música y el engaño.Tiene algunos poderes como una gran fortaleza y velocidad y se cree que son muy longevos y no envejecen.

Casi siempre habita en cuevas, si bien en España, y el mundo hispano, se caracteriza por convivir con los humanos, eso si, en lugares alejados y rústicos, granjas o cabañas, pequeñas aldeas y pueblos, y si habitan en las casas, el lugar favorito para instalarse sería un sitio oscuro y apartado, escondido, como un desván, una bodega, incluso una cuadra.

Los duendes pueden tanto proteger a la familia del lugar donde se instalan o bien incordiar hasta hacerles desfallecer, pues tienen mucho rencor Son capaces tanto de proteger como de acosar a la familia moradora de la casa, ya que son muy vengativos.

Los duendes viven muy entretenidos  buscando alterar la vida familiar del lugar en el que cohabitan, y, entre sus travesuras, se pueden encontrar el cambiar los objetos de lugar,  incluso hacerlos desaparecer, producir ruidos extraños, apedrear muebles,  apagar o encender el fuego, reírse de forma estentórea, y un sinfín de cosas que se les pueda ocurrir.
Acusados desde siempre de perjudicar a los moradores de las viviendas espantándoles, y de practicar el arte del disfraz, siendo capaces de convertirse en animales, incluso en carbón para engañar a hombres y mujeres, modelan su cuerpo a su antojo.
Además de mimetizarse, pueden volverse invisibles, también pasar por el ojo de la cerradura, yp por que no, tocar a un hombre  produciéndole un escalofrío.

Por todo lo dicho la palabra duende vendría a definir a un ser doméstico, ya  que,  si nos fijamos en su etimología, derivaría de los términos “Duen de casa” (Dueño de casa).

También se sabe de la existencia de unos seres diminutos que servían a grandes magos y brujos, y que solían guardarse en ampollas de vidrio, en la empuñadora de la espada o en canutos.

Hoy en día, las leyendas de duendes siguen constituyendo una parte viva e importante de las que siguen vigentes en la tradición folclórica de todo el mundo. Se crea o no se crea en ellos, lo cierto es que los duendes están muy presentes en la vida popular, literaria y religiosa en España.

Precisamente en  España, durante  los siglos XVI y XVII, muchos autores se ocuparon de la  existencia de los duendes. Y muchos teólogos los catalogaron como demonios menores o domésticos, incluso se conservan actas y legajos de procesos inquisitoriales.

La existencia de duendes puede encontrarse en distintas obras literarias, como ya he comentado, ejemplos serian  El Lazarillo de Tormes, El Jardín de flores curiosas, de Antonio de Torquemada, El viejo celoso, de Cervantes, o La dama duende, de Calderón de la Barca.

Pero hay mas, en 1676 se publicó en Madrid un tratado sobre los duendes,  El ente dilucidado. Discurso único novísimo que muestra hay en naturaleza animales irracionales invisibles, y cuales sean, escrito po Fuentelapeña. 

Según Fuentelapeña, la actividad principal de los duendes seria hacer travesuras y provocar estrépitos, y dejarse ver por quien querían y cuando querían. Los define con figura humana, viviendo de noche y durmiendo de día y aficionados a jugar con los niños.

Tanto se llegó a creer en duendes, que, por ejemplo, en 1976 se murmuraba que un duende habitaba el Palacio Real de Madrid, comprobándose al final que se trataba de un amigo de la reina, el valido Fernando de Valenzuela.

Y todavía antes de esa fecha, en 1735, un personaje anónimo, el Duende Crítico, dejaba mensajes dentro de Palacio, y en el resto de  Madrid, dichos anonimos eran críticos, irreverentes e insultantes contra el ministro José Patiño. Al final, como siempre suele ocurrir, se descubrió al duende anónimo, que no era otro que un fraile carmelita, Fray Manuel san José, quien al ser apresado huyó a Portugal, y no regresaría hasta la muerte de Felipe V.

Como podemos apreciar, aunque parezca que solo  pueden creer en duendes las gentes rurales, también en las urbanas se ha afirmado su existencia. Sabido es de todos la creencia en Madrid de la existencia de estos mágicos seres en “la casa de las siete chimeneas” (hoy sede del ministerio de cultura)

Un caso muy sonado, ocurrido también en Madrid, en 1914, el duende goloso apareció en todos los periódicos, el tal duende vivía en una casa de la calle de Fuencarral, y se comía los dulces por la noche. Y de nuevo se descubrió que no era duende sino “duenda”, ya que quien se comía las golosinas era la abuela de la familia.

Seguimos en Madrid, y nos encontramos entre 1945 y los primeros años de los 50, en la plaza de Cristino Martos, muchos de vecinos afirmaban que venían a un duende de blanca barba y elegante, que ofrecía comida y golosinas en una bandeja, aunque algunos afirmaban que era el mayordomo de la marquesa, dueña del palacete. Hay quien afirma que es típico este tipo de apariciones en tiempos de escasez de comida., la realidad es que pasados unos años el duende se esfumó y no volvió a saberse de el.


Continuamos en Madrid, donde durante mucho tiempo existió la creencia de que aparecía un duende en el parque del retiro. Éste hecho se hizo tan popular que el ayuntamiento instituyó “la fiesta del duende” a celebrar en mayo, no tuvo gran continuidad, pero quedó una estatua dedicada al duende del retiro obra de José de Noja.

Otro caso muy llamativo es el ocurrido en el castillo de Guevara en Álava, que fue abandonado, no a causa de la derrota de ningún ejercito, sino, ni mas  ni menos, que por un duende.

Fue tanto el pavor que sintieron sus habitantes, que el castillo quedo totalmente deshabitado. 


Hay un tema que me parece muy pintoresco es el de los relatos medievales ingleses en los que se habla de “los niños cambiados”. Los changelings, eran duendes que robaban a niños recién nacidos, se los llevaban al país de las hadas y ellos se cambiaban por el bebe, solo por el deseo de recibir mimos de una madre. Las madres, lógicamente se percataban de que algo extraño ocurría, pero no sabían que. Después se daban cuenta de que la cara de su bebe se transformaba en la de un viejo, y lo mas llamativo era que el niño no crecía ni ganaba peso.

Para que se marchara el duende y liberar a su propio hijo, la madre debía conseguir que el duende confesara su fechoría, para ello solían preparar una comida con cerveza y esperar a que el duende les pidiera, (ya que los duendes no pueden resistirse a la cerveza), y así les hacían chantaje. Pero también utilizaban trucos mas crueles como quemar los pies a los niños con una pala al rojo vivo, al notar el calor el impostor salía huyendo por la chimenea, aunque claro, se corría el riesgo de que no fuera un impostor y quemase los pies de su propio hijo.

Una tradición ancestral aconseja alejar a los duendes de las cunas de los bebes poniendo en la cabecera una cruz de madera, o un objeto de hierro, normalmente unas tijeras o una herradura, que alejan a los malos espíritus.

-Duende del parque del retiro de Madrid-

La verdad es que su origen, o, el porque de su existencia, no tiene una lógica explicación. La única que cabe es que pudieran ser la representación del hombre, imperfecto y retorcido. Pero, como decía aquel, puede ser que haberlos hailos. 
Y, llegados a este punto, mi pregunta al lector sería: ¿has visto tu alguno? 

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