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viernes, 27 de mayo de 2016

El faro Rubjerg Knude. El faro devorado por la arena

En la península de Jutlandia, en un lugar a orillas del mar, con el paso del tiempo se ha ido perfilando un escenario increíble, un rincón abandonado a su suerte a manos de la naturaleza.

Una escena que bien pudiera servir para el desarrollo de una película en el que el escenario principal fuese el desierto. O bien que se desarrollase en otro planeta. O yendo mas allá, en un lugar abandonado y sin vida.

En este enclave del que estoy hablando, un faro esta siendo devorado por un ser colosal, ni mas ni menos que por una gigantesca duna que, en unos pocos años, casi lo ha engullido. Se trata del faro Rubjerg Knude.
 
Éste faro se encuentra situado en la costa noroeste de la península de Jutlandia, entre las poblaciones de Lønstrup y Løkken del municipio de Hjørring, en Dinamarca.

Comenzó a construirse en 1899 y emitió luz, por vez primera, el 27 de diciembre de 1900.

EL Rubjerg Knude está construido sobre una colina de 196,85 pies (60 metros) de altura sobre el nivel del mar, aunque  el faro en si mide 75,46 pies (23 metros). Ésto supone que, sumando todo, en su pleno funcionamiento, la luz que emitía se veia hasta 24,85 millas (40 kilómetros) mar adentro.

El faro, en principio, funcionó con gas, pero en 1906 el gas se sustituyó por petróleo y éste, en 1934, por electricidad.
El Rubjerg Knude estuvo originalmente ocupado por un farero maestro, un auxiliar y un lightkeeper (guardián del faro).

El trabajo era a menudo muy difícil, sobre todo durante los primeros años, cuando funcionaba con gas.

Además el mantenimiento era muy laborioso.

En tiempo de tormentas el personal tenía que estar muy atento para controlar los buques en peligro.

Pero también tenían que estar vigilando a las aves, que entraban a través de la ventana de la vivienda.  Por si eso fuera poco, debían ocuparse también de pintar los edificios, tanto el  interior como el exterior. Y, además , debían quitar la arena que se acumulaba en la puerta.

En el momento de la construcción del faro no se tuvo en cuenta el movimiento de las dunas costeras en este lugar. 
La mezcla de tales dunas y las tormentas acosaron de tal manera al faro que, en 1968, su luz ya no era visible.
Este dramático destino no se había previsto cuando se construyó el faro, y eso teniendo en cuenta que el punto mas alto, como antes he comentado, eran aproximadamente 196,85 pies (60 metros) sobre el nivel del mar. 
Con más de 656,17 pies (200 metros) de distancia a la costa sobre el acantilado, y con apenas signos de la migración de arena, ¿quien podía haber imaginado lo que iba a ocurrir?. No podía culparse a los constructores de no haber previsto los problemas que el faro tendría posteriormente. 
Con el fin de frenar este problema, ya que la erosión costera hacía que el acantilado se moviera cada vez más hacia el interior. Y con las dunas de arena en constante cambio, la solución que vieron mas factible fue plantar en la zona centeno silvestre, y pinos. Además se añadió arena.
Pero todo ello no hizo sino aumentar el tamaño de la duna rápidamente. La arena alcanzaba ya tal altura que a veces era imposible ver el faro desde el mar.

En 1920 se eliminaron grandes cantidades de arena, pero en 1950 los buques ya  no podían ni oír la señal de aviso de niebla.

En diciembre de 1962, y, ante los graves problemas, se retiró el último guardián del faro, y la dotación de personal de la caldera se redujo a una sola persona.

Una de las posibles soluciones, que se barajaron entonces, fue aumentar la altura del faro, pero la idea se desechó, y, el 1 de agosto de 1968, se renunció a la lucha.
El faro dejó de ser operativo ya que las dunas lo habían enterrado casi por completo.

Se recuperó en 1975, usándose como cafetería. y museo, para realizar exposiciones.

En 1980, el "Vendsyssel Museo Historico" abrió en las instalaciones el nuevo museo de la arena, el "Arena Drift Museo".

La exposición versaba sobre la historia del faro Rubjerg Knude, su construcción, funcionamiento y su fin.
Además estaban expuestos  el aparato de la lente del faro, así como el reloj y la señal de niebla. También se explicaba el problema existente con la arena.

En 1992 se dieron por vencidos. La duna continuaba su migración hacia el noreste y, poco a poco, consiguió enterrar los edificios, ganando la batalla. 

A partir de entonces la arena comenzó su erosión sin ningún tipo de trabas.

En 2002 el faro Rubjerg Knude fue totalmente abandonado. 

Y éste fue el triste destino de un faro que nació para morir hundido en medio de un original desierto.

…[NOTA EXPLICATIVA: La tasa de erosión en la zona es de 2 metros anuales aproximadamente, así que en el 2020-2030 es previsible que este faro haya desaparecido del todo, si tenemos en cuenta los 20-30 metros que existen entre el faro y el mar.]…

Características del faro Rubjerg Knude:

Latitud: 57 º 26,96 N min.
Longitud: 9 grados 46,51 E min.
Altura de la torre: 90 metros.
Carácter Fl W (1 2) 30s.
Rango de 23m.





(El presente artículo se publicó por vez primera en la web del diariocamarinan el 22 de septiembre de 2008)


© marian tarazona
*Texto e imágenes propiedad del blog*

martes, 24 de mayo de 2016

La enferma de Montecillo

Hace un tiempo llegó a mi conocimiento un hecho médico un tanto extraño, al que no le encontraba explicación posible, ni yo ni otra mucha más gente.

Como tengo varios amigos con el gusanillo de encontrar explicación a las cosas, me enteré, de manera fortuita, del  tema que estaban tratando. Y casi me vi inmiscuida dentro de el, llegando incluso a participar de algún que otro dato de los que iban floreciendo.

El tema al que me refiero es el de una muchacha de la cual se tenia noticias de que había sido capaz de sobrevivir largos años sin ingerir alimento alguno. Estoy hablando de Amalia Baranda. 
Cuando pensamos en estar un solo día sin comer, nos entran vahídos pensando como tiene que ser eso.  Quizá por ese motivo este tema llama tanto la atención.
No puede caber en nuestro entendimiento como una persona puede sobrevivir sin que entre en su cuerpo nada sólido, y muy poco liquido.


Amalia Baranda nació en 1896, en Quintanilla de los Prados, provincia de Burgos, pero a los 13 años se traslada a vivir a Montecillo de Montija, también en Burgos. 

Su existencia es la de una niña de pueblo, tranquila, hasta que algo empieza a bullir dentro de ella.

A los 22 años se marcha a vivir o a "servir" con un tío cura, y es a partir de entonces, cuando comienza a enfermar. 

Desde ese momento, y sin saber nadie el porque, su cuerpo no admite ningún alimento.

El primer diagnóstico, como no podía ser de otra forma, sería el histerismo. 

Le siguieron diagnósticos varios, visitas de médicos a su casa, pero también traslados de ella a ver a otros médicos, a ser estudiada ella y su enfermedad.

Todos eran unánimes en pensar que, de un momento a otro, Amalia moriría, ya que era imposible que su cuerpo se alimentase de la nada, pero, inexplicablemente, seguía en este mundo.



Su casa era un peregrinar de gentes que acudían no se sabe muy bien si, a acompañarla, a curiosear o a que. Lo que está claro es que nadie se explicaba el hecho de que pudiera vivir sin comer.

Parece ser que su cuerpo solo admitía la sagrada comunión. Aunque, como suele ocurrir en estos casos, había quien albergaba la sospecha de que comía a escondidas, y que su familia participaba del engaño.

Después de diez y ocho años de ayuno, en los cuales fue conocida como  "La enferma de Montecillo", Amalia Baranda falleció en 1936.


No quisiera destripar el tema, aportando mas detalles, ya que, el episodio al que hago mención ha sido recogido en un libro que, precisamente ahora, ve la luz.

Una de las personas que han estado investigando el presente caso es Juan José  López Nuñez, y, es precisamente el, quien presenta su trabajo en forma de libro.

Pero no es un libro cualquiera. Se trata de un libro de esos que enganchan, una historia que enamora. 
A pesar de ser un libro de investigación pura y dura, presenta una forma de escribir y de vivirlo, con una sensibilidad tan grande, que pareciera que fuese el propio escritor quien lo hubiese padecido.

Por ese motivo no me queda mas remedio que hacer propaganda de el, y recomendarlo, no solo encarecidamente, sino casi, casi, con receta medica. 

Se trata de "La pregunta número siete". Os prometo que no os defraudará.

Y, para que vayáis haciendo boca os dejo el prólogo del libro. Quien mejor para escribirlo que Julio Corral.

Siempre es difícil enfrentarse a una página en blanco y encontrar las palabras con que comenzar. Por más que se empeñe el autor, no me considero la persona adecuada para hacerlo, pero he de reconocer que prologar este libro es un orgullo, máxime, cuando está escrito por un amigo y he tenido la oportunidad de vivir muy de cerca el proceso de investigación.

Estoy acostumbrado a investigar y profundizar en un tema. Soy un curioso y dedico todo el tiempo que las obligaciones del día a día me permiten, a sumergirme en archivos y hemerotecas. Es una afición gratificante, pero transformar todos esos datos en palabras y convertirlo en un libro como el que ahora mismo tiene el lector en sus manos, precisa de algo que solo está al alcance de unos pocos privilegiados, como Juanjo.

Como suele ocurrir con las grandes cosas, la casualidad tuvo mucho que ver en el descubrimiento de esta historia. En un principio fui yo quien solicitó su colaboración para un programa de radio en el que se trataría el tema de la anorexia mística. Entonces Juanjo me habló de Amalia Baranda; un caso que principio no parecía ser más que una simple curiosidad médica sin recorrido.

Después, vinieron los momentos de ilusión y esperanza cada vez que se encontraba un nuevo documento, una pista, una fotografía o un testimonio que pudiera aportar algo de luz.

También para la incredulidad ante el olvido al que la ciencia médica ha condenado el que probablemente sea el expediente más enigmático con el que se ha tenido que enfrentar en España.

Y por qué no decirlo… quizás un punto de obsesión, como si Amalia manipulase las circunstancias y quisiera evitar desde el más allá, que la desidia se apoderara de él, pues en una investigación tan intensa, es lógico que hubiera ocasiones en las que sintiera la desgana de no poder avanzar más.

Pero sobre todo, lo más importante ha sido que pese a que la historia ha ocultado la vida de esta mujer, por no poder comprender ni explicar lo que aconteció en ella, haya quien no se ha dejado intimidar y se ha enfrentado a lo que la lógica nos dice que es imposible que ocurra.

Comprendo que quien se acerque a este tema por primera vez se muestre escéptico. Nadie en su sano juicio aceptaría sin más que alguien pueda sobrevivir a las circunstancias que se dan en la enferma de Montecillo. Pero no se trata de lo que creamos cada uno de nosotros, sino de lo que las pruebas nos mostrarán a lo largo de las próximas páginas.

No solo encontraremos datos. Ha existido una implicación del autor que va más allá del estudio y el análisis de la documentación. Quiso conocer personalmente los lugares donde se desarrollaron los hechos, buscando cualquier detalle, por insignificante que pudiera parecer, para comprender mejor lo que rodeó a esta mujer, e incluso conocer el testimonio de los que tuvieron la oportunidad de tratar personalmente con la enferma.

Se hace patente la empatía que Juanjo ha llegado a sentir, aunque esto no impide que se haya enfrentado a la historia con rigor. Al contrario; cuando se ofrecía la oportunidad, no ha tenido inconveniente en abrir vías de investigación que pusieran en duda alguno de los aspectos o permitiera explicaciones más ortodoxas. No tengo ninguna duda en que se ha hecho cuanto ha estado al alcance del autor por desvelar hasta el más mínimo detalle, y que todo está plasmado en las páginas de este libro.

Ahora ha llegado el momento de adentrarse en la vida de Amalia Baranda y que cada lector haga su propio análisis y valoración. No dudo que habrá opiniones para todos los gustos, pero a nadie le dejará indiferente una mujer que, más allá de sus condiciones médicas, atraía por su personalidad y fortaleza.

He de reconocerlo… Amalia Baranda ha dejado de ser un caso inexplicable para ser una amiga. Esa es su magia.
Y ahora, querido lector, te toca a ti inmiscuirte en esta apasionante historia.

© marian tarazona
*Texto e imágenes propiedad del blog*

viernes, 13 de mayo de 2016

La Virgen de Sonsoles

Todas las apariciones marianas, y los milagros que se les atribuyen, vienen siempre acompañadas de historias que han ocurrido o no, unas son leyendas que, por repetirlas una y mil veces, quedan en nuestra memoria grabadas como si en realidad hubiesen existido, otras son hechos reales a los que se le adjudican  la protección de la virgen a la advocación correspondiente en la que el fiel tiene depositada su cariño.


Por toda la geografía española, incluso fuera de ella, son innumerables los milagros que se atribuyen a  la virgen María, porque no olvidemos que Virgen María solo hay una, y que las demás vírgenes (advocaciones) son una manera de ponerle un apellido para hacerla mas propiedad de un lugar, una ciudad, una región.

Existen, como queda dicho, muchas advocaciones, una por cada pueblo o aldea de nuestro país, incluso las hay de un lugar en concreto, de un monte, incluso hay asociaciones que también tienen la suya propia.
Por ser tan numerosa la manera de llamar a la Virgen, por ser tan innumerables los milagros que a ella se le atribuyen, solo narraré algún ejemplo.

En esta ocasión escribo sobre la virgen de Sonsoles, advocación y patrona de Ávila. 
La leyenda dice que la talla de la Virgen de Sonsoles fue realizada en Jerusalén en tiempos de los apóstoles.
Posteriormente se trasladaría a Roma, y de allí, por mediación de algún apóstol, recaló en la península ibérica.

Aquí fue venerada por los cristianos que habitaban el lugar, en su mayoría godos cristianizados y romanos cristianos, hasta que los musulmanes invadieron nuestra geografía; momento que aprovecharon los cristianos para esconder la imagen con el propósito de que no fuera profanada. 
(Es curioso reseñar que este tipo de proceder se da en muchísimas de las leyendas que acompañan a nuestras “Vírgenes”).


Años más tarde, según continúa la leyenda, sobre los años 999 a 1027, se encontraba un grupo de niños jugando cerca de unas rocas, y, al acercarse a cierto peñasco, vislumbraron un hueco por el que salía luz, comenzaron a hacerse sitio, quitando las piedras, para entrar en dicho lugar. 
Allí, ante su sorpresa, encontraron la talla de la virgen que había estado escondida durante tanto tiempo.

Cuentan que los niños, al principio asustados, comenzaron a tranquilizarse al descubrir que los ojos de la virgen desprendían una cálida luz, a lo que los infantes, llenos de emoción, gritaron: ¡¡¡¡Son Soles!!!! Y así fue como la pequeña talla fue bautizada con el nombre de la Virgen de Sonsoles.

En el lugar donde apareció la talla, y, para fomentar la creencia y devoción, se construyó un santuario. 
La imagen de la virgen primitiva se encuentra en la sacristía, en un pequeño camarín, sobre un altar pequeñito. 

La leyenda narra que nunca se ha podido sacar dicha imagen del lugar en el que se venera. (Curiosamente, este es un dato que también se repite en muchas otras advocaciones). 

Siempre que se ha intentado trasladarla ha ocurrido un imprevisto que ha impedido llevarla a otro sitio. 
Cuando han intentado llevarla a la ciudad, dicen que se hace tan pesada que es imposible cargar con ella. Sobre todo ocurre al llegar al puente de Sancti Spiritus, exactamente en la Cruz de los Llanos, allí la imagen empieza a pesar de tal manera que es imposible moverla.

Encontré una noticia curiosa referente a esto, y es que,  en 1666, se decidió no volver a sacar el trono de plata que tenía la virgen, porque pesaba demasiado y no podían moverla. (Dicho trono no existe hoy en día)

Cuentan los abulenses que es imposibilidad de moverla se debe a la rivalidad que tiene con la santa patrona de Ávila (santa Teresa), la Virgen de Sonsoles está enfurruñada porque hicieron patrona a la santa, si bien la Virgen está muy unida al campo, a los animales y al trabajo.

Ante la imposibilidad de trasladar la imagen primitiva se encargó otra mas grande, que es la que procesiona. 

A ésta virgen grande también se le conoce como la "Virgen de las aguas", ya que es la que sacan  para las rogativas en tiempos de sequía  para que traiga agua.

En cuanto a los milagros que mencionaba antes, los hay numerosos y variados, desde los habidos en época de guerra, hasta curaciones de enfermedades, sobre todo la peste, lluvia en época de largas sequías, etc.

Alguno de éstos milagros resulta muy curioso y llamativo, y con ello lo hilo al tema de los exvotos que los fieles llevan como ofrenda a la virgen de Sonsoles.

El que mas chocante me ha parecido, por lo grande, es uno relacionado con un cocodrilo que está expuesto en una vitrina. 

Y, es que, cuentan que existía un caballero de origen abulense viviendo en las indias, que, a diario, recorría sus propiedades. Cierto día, al pasar por la orilla de un río, le salió al paso un cocodrilo que atacó al caballo en el que el caballero iba montado. 
Ni corto ni perezoso, el buen señor se encomendó a su querida virgen de Sonsoles, y, en ese momento, la fusta se convirtió en una espada que le sirvió de arma con la que mató al animal.
En agradecimiento, el caballero trajo el cocodrilo hasta el santuario, y ahí está expuesto con la explicación del milagro.

También nos encontramos con una nave colgada del techo. 
Ésta nos recuerda el milagro que obró la virgen cuando una nave, en la época de la Armada Invencible, estaba en el paso de Calais y se desató una gran tormenta con mucho peligro.
Entre la tripulación se encontraba un marinero muy devoto de la virgen de Sonsoles. El hombre se encomendó a ella rezando para que les salvase. 
La nave se salvó, y el marinero llevó su ofrenda, en forma de barco, al santuario.

Hay documentados otros milagros de la época de la guerra civil en la que parece que la virgen de Sonsoles impidió llegar al enemigo, en forma de bombardeo, a la ciudad de Ávila. 
Curiosamente ninguna de las bombas arrojadas llegó a explotar, y de la incursión solo hubo seis victimas. 
En otro tiempo hubo un pequeño avión colgado en el campanario del santuario recordando el milagro.

También podemos contemplar unas cadenas de un cautivo en tierras moras, que, encomendándose a la virgen, logró deshacerse del instrumento que lo mantenía cautivo.

Y no solo existen los exvotos mencionados. La virgen de Sonsoles recibe gran cantidad de ellos, figuras de cera recordando curaciones milagrosas, libros de texto de alumnos agradecidos por haber aprobado, vestidos de novia, y un largo etcétera.  

Pero hay dos milagros, que, por ser de gente humilde han llamado mi atención. Uno de ellos es el de un molinero que estaba en su tarea de la molienda, cuando sus ropas quedaron enganchadas en la polea. Ante el agobio, y viendo peligrar su vida, se encomendó a la virgen y se salvó, a pesar de que las ropas quedaron totalmente destrozadas. 
Como exvoto allí pueden contemplarse dichas ropas.

El otro caso es el de una niña, que transcurrió el 4 de septiembre de 1953.
La chiquilla era de un pueblecito cercano, El fresno, o quizá de el despoblado de El Merino, anejo a El fresno.

La niña, Ascensión Rodríguez, que así se llamaba, se dirigía a llevar la comida a su padre, sus hermanos y al criado.
Iba con su burro, portando su cesta, cuando, al pasar entre entre los arroyos de Vallejuelo y Peserrano, fué alcanzada por un rayo de manera tan brutal que la “chispa” mató al burro, pero a ella sólo le quemó la ropa.

La pobre criatura se quedó toda negra por culpa de la carbonilla, pero no tuvo ni una sola quemadura.

La familia, agradecida, llevó las ropas, que la niña vestía aquel día, al santuario en agradecimiento, y allí podemos contemplarlas en una urna.

De lo que no me queda ninguna duda, es de que la Virgen de Sonsoles de seguro ha realizado muchos mas milagros. Milagros que la gente calla, quizá por vergüenza, o, incluso, por que, en los tiempos que corren, esto de los milagros ya no se estila.

© marian tarazona
*Texto e imágenes propiedad del blog*