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viernes, 23 de diciembre de 2016

El Muérdago. Símbolo de paz

Una de las costumbres que están arraigando poco a poco entre nosotros, en la época navideña, es la de que cada pareja que se encuentra bajo una rama de muérdago debe besarse. Muy pocos saben de su origen, de su porque, y, sobre todo, en qué momento se lleva a cabo el rito, no solo de besarse, sino también el de cortarlo.

Al muérdago siempre se le ha considerado portador de poderes en cuanto a salud, suerte y prosperidad, así que, pongamos una rama de muérdago en nuestra  vida.
Pero empecemos por el principio.
El nombre de muérdago, o mistleotoe, viene a significar estiércol y también niebla. 
El significado de estiércol procede del hecho de que los pájaros, al comer las bayas del muérdago, van eliminando las semillas junto a sus excrementos, y, al ser pegajosas, se quedan adheridas a las ramas del árbol donde nace la planta, rama de  la que, a su vez, nacerá otra nueva. 
Sin embargo, el nombre de niebla le viene dado por el fruto, que es blanquecido y translúcido.

El muérdago es una planta semi-parasitaria y vive alimentándose de árboles o arbustos con raíces poco profundas. Normalmente se trata de robles, encinas, manzanos, pinos silvestres y álamos, si bien, personalmente, siempre lo recojo en los almendros.

Posee un pequeño tronco y muchas ramas con hojas verde claro tirando a amarillentas. El fruto es la baya blanca que he comentado.

Esta planta era muy apreciada por los pueblos celtas, éstos trasmitieron sus saberes a través de los galos, sobre todo a los países anglosajones.

Los druidas la utilizaban en su farmacopea particular. Al muérdago se le ha asociado siempre con la fertilidad por la similitud de sus bayas con el semen.

Se le consideraba mágica porque mantenía ese color verde durante todo el año, al contrario que el resto de las plantas que mueren en el invierno, por eso lo llevaban a sus casas, como símbolo de vida eterna.

En los países nórdicos el muérdago era símbolo de buen augurio, y la utilizaban durante las fiestas en el solsticio de invierno. 
Es precisamente la mitología nórdica la que nos regala la tradición sobre el uso del  muérdago en la que se consagra al dios Baldur.

Era tanto su poder, que, en el siglo VIII,  los vikingos ya asignaban al muérdago el poder de resucitar a los muertos.

En Escandinavia se le consideraba al muérdago un símbolo de paz, ya que debajo de el se podía declarar una tregua, incluso los matrimonios que tuvieran alguna rencilla pendiente se besaban debajo de una rama  para hacer las paces.

Parece fundada la creencia de que besarse debajo del muérdago formaba  parte del rito pagano del matrimonio.

En cuanto a la recolección, como veremos a continuación, no vale hacerlo de cualquier modo, sino que ya los druidas utilizaban rituales específicos, siempre relacionados con los dioses y, por ende, con la inmortalidad.

Uno de esos rituales consistía en recoger las ramitas a una determinada hora y fecha y siempre de un viejo roble, el árbol por excelencia de los druidas. La fecha idónea era el momento en que la luna tenga seis días.

Es importante saber que el muérdago tiene que regalarse, y quien lo recibe ha de colocarlo cerca de la entrada a la casa.

Otro dato importante que demuestra el respeto de los celtas hacia la naturaleza, es el hecho de que se ha de pedir permiso, con toda reverencia, a la planta al ir a cortarla, de ese modo  no sufriremos ningún tipo de mal. Y, algo también de importancia, hay que hacerlo de un solo tajo. Ésta operación hay que realizarla con una hoz de oro, porque así se obtienen riquezas y todo lo convertirá en dinero. Ésto parece que deriva de que la planta, cuando se seca, adquiere un color dorado y sus frutos son semejantes a las perlas.

Según la tradición, el muérdago limpia todo lo malo del año anterior, así que, el siguiente hay que quemarlo, esto se hace el día de santa lucia (13 de diciembre), y sustituirlo por otro nuevo el día de nochebuena.

La planta no debe tocar el suelo desde que se corta hasta que termina la época navideña, que es el día de la candelaria, o sea, el 2 de febrero, aunque puede permanecer colgado todo el año, y de esta manera se protege el hogar contra el fuego y el rayo.
El por que no puede tocar el suelo lo explica el hecho de que las raíces del muérdago nunca tocan el suelo, y es un elemento creado por los dioses, si lo tocase perdería sus poderes, por ello debe mantenerse siempre colgado.

Otra de las costumbres muy arraigadas es el colocar la planta sobre la cuna de los niños a modo de amuleto, para evitar que el niño sea robado por las hadas y los cambien por otro, y de paso protegerlos del mal.



La tradición de besarse bajo el muérdago tiene su origen, como ya he comentado,  en la siguiente leyenda nórdica del siglo XIII:

Cuando Baldur (dios nórdico hijo de Odín, también nombrado como Baldr, Balder, Baeldaeg, o Baldr) era muy niño, su madre Frigga, la diosa del amor, tuvo unos extraños sueños en los que vio un claro significado, pues sabía interpretarlos.
En ellos advirtió cercana la  muerte de su hijo, pero además también vio que todo ser vivo moriría a la vez que el lo hiciera, por lo que la tierra quedaría sumida en un eterno invierno.
Habló con todos los dioses quienes se reunieron para dilucidar que era lo que podría llegar a causarle la muerte.
Cuando supieron todas las posibles causas de esa probable muerte, le dieron la lista a Frigga quien recorrió todos los mundos buscándolos, habló con los cuatro elementos, con todos los seres vivos, y les hizo jurar que no le provocarían ningún daño a su hijo Baldur.
Todos realizaron la  promesa, todos excepto el muérdago, ya que Frigga no consideró que fuera una amenaza (algunas versiones dicen que no juró por que la planta era muy joven para jurar).

El malvado Loki, considerado como el origen de todo fraude, buscaba algo para matar a Baldur,  al no encontrar como lograrlo, se disfrazó de anciana y se le presentó a Frigga, quien le reveló que el muérdago no había hecho el juramento.
Loki aprovechó la información para encontrar la manera de asesinarle. Fabricó una lanza, y en la punta puso muérdago, de esa manera tenía el éxito asegurado.

Baldur, que se creía inmortal, pidió a los dioses que le lanzaran todo lo que le podría matar porque sabía que el saldría indemne. Loki aprovechó el momento, y le dio la flecha a Höðr, hermano de Baldur que era ciego, y el mismo Loki  le ayudó a lanzarla contra Baldur, quien cayó al instante muerto. En ese mismo momento todo comenzó a morir  quedando envuelto en invierno. 

Frigga, desesperada, intentaba por todos los medios traer Baldur de vuelta del inframundo. Lloraba de tal manera que conmovió a los dioses, quienes le devolvieron a su  hijo, y, además, prometieron castigar a la planta por todo el daño que había causado. Pero Balder, como agradecimiento por haber vuelto a la vida, quiso liberar al muérdago del maleficio, y ordenó que, desde entonces, cada pareja que se encontrase debajo de una rama de muérdago debería besarse para perpetuar el amor en la tierra.

(Algunas versiones recogen que el muérdago se convirtió en sagrado porque Frigga juró que nunca se utilizaría como un arma).

Las lágrimas de Frigga por la muerte de su hijo se convirtieron en las bayas blancas que posee el muérdago.

A partir del siglo XVIII  la excusa de  besarse bajo el muérdago exigía que una joven no podía negarse a ello, pero también existía la creencia de que, si una mujer no era besada mientras permanecía bajo el muérdago, ese año no se casaría.
Eran otros tiempos en los que las jovencitas debían esperar a que alguien se les declarase, o era la excusa para besarlas.

La tradición daba por seguro que un beso bajo la rama del muérdago traería sin lugar a dudas un romance perfecto. Y como consecuencia una prole numerosa. Eso si, para que el beso tuviera el efecto deseado, después del mismo se debían arrancar las bayas.

Yo no necesito novios, pero si mucha paz, despedir lo malo del año y dar la bienvenida a lo que quiera llegar. Así que entonaré una súplica de bendición al muérdago que cuelga en el dintel de la entrada de mi casa.

“Muérdago sagrado bendice mi hogar  y expulsa todo mal  para nunca regresar”

© marian tarazona







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