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miércoles, 22 de febrero de 2017

La balsa de la medusa. Naufragio y canibalismo

El 17 de junio de 1816 surcó el mar, junto a otros tres navíos, la fragata de la marina francesa Medusa. 
La Medusa era una embarcación moderna y rápida, la  mas rápida entre sus contemporáneas.
El viaje comenzó en Rochefort  con dirección al Puerto San Luis en Senegal (África), a su mando se encontraba Hugues Du Roy de Chaumareys quien llevaba quince años inactivo. 
A bordo de la nave también viajaba el nuevo gobernador de Senegal y su familia, el personal administrativo y un batallón de infantería de marina, así mismo les acompañaba el cartógrafo Alexandre Corréard junto a sesenta científicos que querían explorar el Senegal, también se encontraban a bordo de la fragata cerca de cuatrocientos pasajeros.
En lugar de navegar con los tres navíos de la escuadra como establecían las ordenanzas, la Medusa se adelantó, y, a toda vela, emprendió en solitario el largo viaje.

La  arrogancia aristocrática del capitán hizo que desoyera los consejos de sus oficiales durante la travesía. 
Los errores de navegación y la negligencia de Hugues Du Roy de Chaumareys hicieron que la fragata encallara en el banco de Arguin, cerca de las costas africanas, entre las Islas Canarias y Cabo Verde. Y, finalmente, naufragó el 2 de julio, un día totalmente ilógico, pues había buena visibilidad y el mar estaba en calma.
Al producirse el naufragio, el capitán y los oficiales se apropiaron de las barcas salvavidas y, al no haber suficientes para todos, abandonaron a su suerte al resto de pasajeros sin  preocuparse de dejarles víveres.
Ese grupo de 149 personas que había sido abandonado a su suerte, improvisó una balsa. 
Los náufragos tan sólo disponían de una caja de galletas (eran una tortas que se llevaban para alimentarse en el mar.Estaban hechas con una masa dura y sin humedad para que pudieran aguantar largas travesías).
La caja se acabó en un día, para mas desgracia, las reservas de agua se cayeron la primera noche al mar y,, además no quedaron más que unas pocas  barricas de vino. 

Pero los problemas, y la posterior brutalidad, no vinieron por la falta de comida ni bebida, sino por conseguir los mejores puestos en la balsa. Había que ocupar, a toda costa, los lugares del centro para salvaguardarse de las olas.

Tras horas abandonados a su suerte en medio del mar, un barco de la marina francesa avistó a los náufragos pero pasó de largo sin recogerlos y murieron casi todos. Tan solo se salvaron quince personas que, si sobrevivieron, fue gracias a que se alimentaron de los cadáveres de quienes iban muriendo.

La balsa con los que se habían salvado fue encontrada semanas mas tarde por el carguero Argus, que los recogió y los llevó a Francia. 
Llegaban en unas condiciones tan pésimas que cinco de esas personas murieron al poco tiempo de llegar a tierra, todo parece indicar que fue por culpa del atracón de todo lo que comieron y bebieron 


La historia fue tan tremenda y horrible que fue censurada por el gobierno, que durante bastante tiempo consiguió que no llegara a la prensa.
Epílogo:
.- El conde de Chaumareix fué degradado en Consejo de Guerra el 7 de enero de 1817, pero se salvó de la pena de muerte, obteniendo sólo tres años de cárcel debido a su pasado en la armada. 
Pasado ese tiempo se retiró a su castillo de Lachenaud y murió el 23 de noviembre de 1841 a los 78 años.

.- Dos de los diez supervivientes, el médico Henri Savigny y el armador Alexander Corréard, difundieron los sucesos del desastre en un panfleto que se convirtió en todo un éxito al contar la cruda realidad de lo que había ocurrido en aquella travesía: suicidios, asesinatos y canibalismo.

.- El naufragio de la Medusa conmocionó la opinión pública francesa, dado el escándalo que supuso el abandono a su suerte de gran parte de la tripulación, y todo por el egoísmo de los oficiales aristócratas.


La noticia caló también entre los intelectuales y artistas de la época, y fue la razón por la que el pintor Théodore Géricault se decidiera a realizar, en 1819, un lienzo titulado precisamente.



La balsa de la Medusa, el famoso cuadro, de casi cinco metros de alto y más de siete metros de ancho, representa, con gran realismo, este suceso considerado como uno de los más espeluznantes y vergonzantes en la historia de Francia.


El pintor plasmó el preciso momento en que los náufragos avistan la fragata que nunca les recogerá.

Los personajes componen  una galería de todas las posibles expresiones. 
En este lienzo queda plasmada la actitud humana, sometida a presiones extremas ante la posibilidad de una muerte tan desgarradora, y las respuestas de los ocupantes que van desde los que se han dejado morir; pasando por la imagen del padre que le da la espalda a todo, con el cadáver de su hijo en los brazos y sin el menor sentido de vida.


Y, en forma ascendente, hay  quienes se incorporan, hasta llegar al entusiasmo desbordado de los hombres que agitan sus camisas al horizonte al avistar a la fragata que los podría rescatar,  para llamar su atención.



Géricault realizó su cuadro por el simple motivo de dar a conocer el horrible hecho. Tras dos años en que se le prohibió que lo expusiera en público, finalmente lo presentó en el Salón Oficial, causando un tremendo impacto en la sociedad.

(Este artículo fué publicado por vez primera el 15 de octubre de 2008 en el diario digital camariñan)

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