La fuente del beso (SIGLO XIII)
Pedro III de Aragón iba con frecuencia a Tarazona, ciudad especialmente querida por su esposa, la siciliana Constanza, que solía ir acompañada por un séquito de fieles personas, entre ellas Bella, su nodriza, y su joven paje siciliano, Manfredo. Dibujo de Valeriano Bécquer En cierta ocasión, en el alcázar de Tarazona, se dio una recepción en honor de los embajadores que habían ido a apalabrar la boda de la infanta Isabel (luego santa Isabel) con el monarca luso Dionis, contándose entre los asistentes Clara, hija de un caballero turiasonense por la que la reina sentía predilección. Entre Clara y Manfredo surgió lo que parecía un apasionado amor, y todos los días se encontraban en la olmeda de la fuente del Beso. Pronto se intuyó en palacio que las relaciones habían ido más allá de lo que los preceptos religiosos permitían, de modo que Manfredo se vio obligado a dar palabra de casamiento a Clara, con gran alegría de doña Constanza, la reina. Sin embargo, las relaciones entre C...